Las cosas estuvieron bien un par de días.
Después, todo volvió a ser lo mismo.

A pesar de haber dado otra oportunidad.

Yo, cada día, me elegía un poco más.
Y, sin darme cuenta, eso me había alejando de la persona que tenía al lado.

La relación se convirtió en eso:
juntos,
pero cada uno viviendo su vida por separado.

Llegó el 8 de mayo de 2022.

Ese día me levanté y me fui a trabajar sin decir nada.
Como cualquier otro día.
Como si nada estuviera a punto de romperse.

Cuando volví a casa, estaba allí quien había sido mi pareja.
Y rompí la relación.

Como todas las demás veces, intentó persuadirme.
Me habló.
Me explicó.
Me prometió.

Yo lo escuchaba, pero para mí ya no eran palabras.
Solo escuchaba mentiras
y excusas baratas.

Tenía mil sentimientos encontrados,
pero también una firmeza distinta
a todas las demás veces
en las que había intentado terminar.

Esta vez no dudé.

Los siguientes catorce días fueron difíciles.